Puedo volver

Casi siempre al final de una clase de yoga –y ahora también en medio– sigo recuperando lugares en los que he estado y para los que no hallo nombres ni muchas veces mapas ni años: rincones adonde regreso, que me son devueltos por músculos o nervios libres y que asoman a la conciencia con un mensaje para vivir. Son ya unos cuantos: la mesa de hierro forjado en la que me tomé una Orangina con calor; la estantería de los atlas en la biblioteca de Gràcia; una escuela de música en Bilbao, para un reportaje; o el piso luminoso de una española en una ciudad con río. Estuve allí y algo en ello continúa siendo extraordinario.

      

3 Comentarios

  1. En tu casa estudiando comunicación de masas, en el teatro viendo a Farruquito, con los bomberos en el empire state… hay tantos y tan buenos… Un beso.

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