Amonestación de la verdad

El Figaró, camí cap a La Garriga vora el Congost.

El aire ya es otro, se nota su firmeza creciente al anochecer. Todo son avisos frente a la montaña: han vuelto las mañanas a enseñorearse, a levantarse poco a poco con sábanas de humo, y en la luz se distingue una reserva. No temo. Espero la belleza de lo oscuro, el retroceso del día y de la tierra en mi luto feroz de los octubres. También lo triste, por verdadero, alzará su grito al cielo de lo hueco.

  1. Noelia

    Un abrazo largo y cálido…

  2. Cristina Saez

    Precioso texto, como siempre. Es un regalo abrir el correo y encontrar un pedacito de un nuevo post aguardando ser leído. Y me gusta saborearlo despacito, y que me hagas bailar las entrañas. Un abrazo de luz, amiga, que te acompañe aunque sea un poquitito en la tristeza.

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