2021 (y el supermercado de Ali)

El supermercado Ali ha cerrado sus puertas. Me lo cuentan y salgo al balcón a comprobarlo, no doy crédito. Durante el confinamiento, el negocio de Ali sostuvo un lento palpitar de gente en nuestra calle, más pronunciado de noche. Por la forma de caminar de algunos, arrastrada, incluso difícil, yo sabía que se dirigían al supermercado, los veía entrar, a cualquier hora, en busca de cerveza. Alguna vez Ali se había quedado sin provisiones y aquel estante vacío entre los pasillos me había parecido una inquietante boca abierta. Entonces vino el ciclomotor en la puerta, que él cargaba con botellas de Johnnie Walker, bolsas de cortezas y aperitivos. Salía despedido una y otra vez avisando de urgencias íntimas en aquella quietud. Pero la mayor poesía vino un día de mucho viento en que su carta de helados, tan atractiva para los niños, estuvo dando tumbos por la calle. Durante horas se oyó su chirriar metálico arañando el asfalto, y el paso lento de Ali en su busca. 

1 Comment

  1. Estimada, Yvette
    Quina sorpresa rebre la teva entrada al correu. Un petit homenatge al senyor Ali. Palpitant i espontani. El resum de les fotos és preciós. Ets una artista també de la llum.
    Una abraçada .

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