Archivo de Categorías: Solidaridad

Cádiz con mi hermana

Fuimos a Tarifa en busca del estudio fotográfico del señor Rojas y vi aquel pasillo de mar tantas veces oído. Su espuma rizada me hizo estremecer. Europa y África se miran ahí a los ojos, casi se podrían besar.

Cádiz con mi hermana

Fuimos a Tarifa en busca del estudio fotográfico del señor Rojas y vi aquel pasillo de mar tantas veces oído. Su espuma rizada me hizo estremecer. Europa y África se miran ahí a los ojos, casi se podrían besar.

África (y III) – poblados de Zway, Etiopía

En Etiopía vi algo extraordinario, un mundo no previsto de poblados de pastores que no disponían de agua corriente ni electricidad, en el que nos recibieron corriendo los niños y nos hicieron sentar en banquetas bajo una acacia, rodeados de un anfiteatro

África (y III) – poblados de Zway, Etiopía

En Etiopía vi algo extraordinario, un mundo no previsto de poblados de pastores que no disponían de agua corriente ni electricidad, en el que nos recibieron corriendo los niños y nos hicieron sentar en banquetas bajo una acacia, rodeados de un anfiteatro

África (II) – isla de Lamu, Kenya

Airam Vadillo, psicólogo de Anidan-Kenya, y Marta, médico pediatra que colabora periódicamente con la ong. María Parga, coordinadora de Anidan-Kenya. Ali. Pienso en un niño al que no vi la cara, ovillado sobre la camilla de un hospital pediátrico en

África (II) – isla de Lamu, Kenya

Airam Vadillo, psicólogo de Anidan-Kenya, y Marta, médico pediatra que colabora periódicamente con la ong. María Parga, coordinadora de Anidan-Kenya. Ali. Pienso en un niño al que no vi la cara, ovillado sobre la camilla de un hospital pediátrico en

Notre Dame des Anges

La encuentro tambaleante en un calle solitaria, tratando de agarrarse a la rama de un arbusto para no venirse abajo. Muy anciana, deformada por la edad y probablemente afectada por algún accidente cerebrovascular: la lengua se le escapa afuera, está

Notre Dame des Anges

La encuentro tambaleante en un calle solitaria, tratando de agarrarse a la rama de un arbusto para no venirse abajo. Muy anciana, deformada por la edad y probablemente afectada por algún accidente cerebrovascular: la lengua se le escapa afuera, está

Sombras

Todos duermen y yo no puedo. No aún, no de día ni en un tren. Observo: la mano en el rostro de un hombre apesadumbrado, abierta como un abanico para sus sueños fatigados. Sigo las líneas que dibuja su gesto,

Sombras

Todos duermen y yo no puedo. No aún, no de día ni en un tren. Observo: la mano en el rostro de un hombre apesadumbrado, abierta como un abanico para sus sueños fatigados. Sigo las líneas que dibuja su gesto,

Tras el cristal

Se ha apartado del resto y está comiendo sola, encorvada sobre su fiambrera. Le debe de llegar el calor de los hornos donde ayuda a trabajar el vidrio. Ésta es una fábrica de renombre de la que sale cristalería fina

Tras el cristal

Se ha apartado del resto y está comiendo sola, encorvada sobre su fiambrera. Le debe de llegar el calor de los hornos donde ayuda a trabajar el vidrio. Ésta es una fábrica de renombre de la que sale cristalería fina

No pasa nada

En ese momento me parece que quiere dinero. Intento deshacerme de él, que retire sus postales de Barcelona de encima del diario que estoy leyendo. Le digo -sospecho que amablemente- que soy de Barcelona. “No pasa nada”, repite en un

No pasa nada

En ese momento me parece que quiere dinero. Intento deshacerme de él, que retire sus postales de Barcelona de encima del diario que estoy leyendo. Le digo -sospecho que amablemente- que soy de Barcelona. “No pasa nada”, repite en un

Tú. Sí, tú.

Desde el libro “El silencio de Dios y otras metáforas”, Gonzalo Sánchez-Terán no deja de interpelarme. Me dice que lo que compro, lo que opino y lo que voto repercute en la dignidad de millones de personas. Que no somos

Tú. Sí, tú.

Desde el libro “El silencio de Dios y otras metáforas”, Gonzalo Sánchez-Terán no deja de interpelarme. Me dice que lo que compro, lo que opino y lo que voto repercute en la dignidad de millones de personas. Que no somos