Archivo de Categorías: Amistad

Cita en Horta de la Viola

En junio, a pesar del calor prematuro y de la insistencia de las obligaciones, hubo un tiempo que decidí para el disfrute. Un miércoles conduje hasta la huerta de Maren en l’Empordà y pasé en compañía de ella y de

Cita en Horta de la Viola

En junio, a pesar del calor prematuro y de la insistencia de las obligaciones, hubo un tiempo que decidí para el disfrute. Un miércoles conduje hasta la huerta de Maren en l’Empordà y pasé en compañía de ella y de

Deborahlibros, la librería de Katixa

La historia, de tanto contarla, tiene ya algo de leyenda: éramos dos niñas de seis años en un colegio de Barcelona, tan amigas que, aunque al final de aquel curso ella tuviera que irse a Madrid, nos prometimos cartas. Dijimos:

Deborahlibros, la librería de Katixa

La historia, de tanto contarla, tiene ya algo de leyenda: éramos dos niñas de seis años en un colegio de Barcelona, tan amigas que, aunque al final de aquel curso ella tuviera que irse a Madrid, nos prometimos cartas. Dijimos:

Bárbara

Yo cruzaba la tarde buscando el sol, tomaba el camino a casa con una discreta desolación: quizá siempre hubiera estado equivocada. Me llamasteis desde el coche, os vi ahí metidos, apurando un bocadillo. Bromeamos, ahogando lo que hubiera de tristeza.

Bárbara

Yo cruzaba la tarde buscando el sol, tomaba el camino a casa con una discreta desolación: quizá siempre hubiera estado equivocada. Me llamasteis desde el coche, os vi ahí metidos, apurando un bocadillo. Bromeamos, ahogando lo que hubiera de tristeza.

Vámonos

Me escribe Poeta. Quiere vivir en el campo: “hacer pan, queso, plantar, cortar el pelo, coser, arreglar y reparar”. Yo también quiero más dedos: desprender una a una las hojas secas de las plantas, pintar cielos en cuencos de cerámica,

Vámonos

Me escribe Poeta. Quiere vivir en el campo: “hacer pan, queso, plantar, cortar el pelo, coser, arreglar y reparar”. Yo también quiero más dedos: desprender una a una las hojas secas de las plantas, pintar cielos en cuencos de cerámica,

Hermoso y sutil

Noelia me envía el tráiler de su documental, hecho robándole horas al sueño. Pasaba cada mañana por la prisión de Ámsterdam, camino del trabajo, y detenía su bici para grabar.

Hermoso y sutil

Noelia me envía el tráiler de su documental, hecho robándole horas al sueño. Pasaba cada mañana por la prisión de Ámsterdam, camino del trabajo, y detenía su bici para grabar.

Un regalo

Llevábamos apenas unas horas en Praga. Por la súbita efervescencia de la sangre, nos dabámos cuenta de que habíamos pasado tres días sumidos en la quietud de las ciudades balnearias. Olía a tilos en flor, nos llegaba el jazz de

Un regalo

Llevábamos apenas unas horas en Praga. Por la súbita efervescencia de la sangre, nos dabámos cuenta de que habíamos pasado tres días sumidos en la quietud de las ciudades balnearias. Olía a tilos en flor, nos llegaba el jazz de

Al mar

Quedamos pronto y se me ocurre Gavà. La playa larga y desierta. Café con leche en aquel chiringuito de aquella vez. Todavía casi nadie. Recorremos la orilla. Nos tendemos al sol. Nos sacamos los zapatos. Nos sacamos los calcetines. Nos

Al mar

Quedamos pronto y se me ocurre Gavà. La playa larga y desierta. Café con leche en aquel chiringuito de aquella vez. Todavía casi nadie. Recorremos la orilla. Nos tendemos al sol. Nos sacamos los zapatos. Nos sacamos los calcetines. Nos

19 de febrero

Ella lo contó muy bien. Fueron más de veinte años de cartas cruzadas, de abrazos y emoción, algo que no acertamos aún a explicarnos, una decidida voluntad de no dejarnos. Y no por una vieja promesa ni por respetar al

19 de febrero

Ella lo contó muy bien. Fueron más de veinte años de cartas cruzadas, de abrazos y emoción, algo que no acertamos aún a explicarnos, una decidida voluntad de no dejarnos. Y no por una vieja promesa ni por respetar al